St. Cyril of Alexandria Roman Catholic Parish
A welcoming community of faith in the Roman Catholic tradition

Bulletin Date:
April 11, 2021

Highlights in this edition

Sunday Mass at 8 AM Returns!, Share-A-Lunch Ministry, New Adult Faith Formation Program, Sacramental Marriage Preparation Workshop, Recipe Alert!, The Arizona Charitable Tax Credit, CRS Rice Bowl, In Person Meetings Now Permitted, Safe Environment Training, Year of Saint Joseph: Saints Devoted to St. Joseph, Baptism Preparation in English, Around Tucson…

Puntos destacados en esta edición

¡Regresa la Misa Dominical de las 8 am!, Share-A-Lunch [Comparte un Almuerzo], Nuevo Programa de Formación en la Fe para Adultos, Taller Pre-Matrimonial, ¡Alerta, Queremos su Receta!, El Crédito de Impuesto del Estado de Arizona, Plato de Arroz de CRS, Ahora se Permiten Reuniones en Persona, Capacitación para un Ámbito Seguro, Año de San José: Santos Dedicados a San José, Preparación Bautismal en Español, Por Tucson…

DOUBT

The desire to be able to prove the existence of a divinity has troubled humanity since human consciousness first became aware of the divine. To this very day we are fond of saying that any number of things—from sunsets to hot fudge sundaes—are “proof that there is a God.” We get so caught up in the story of “doubting Thomas” that we fail to notice that today’s Gospel gives us John’s account of Pentecost, the bestowing of the Holy Spirit upon the disciples following the Resurrection. Thomas, evidently, missed out not only on seeing the Risen Christ, but receiving the Holy Spirit as well. This is not to be taken lightly and, perhaps, makes Thomas’ disbelief a bit easier to comprehend. It also makes his professing that Jesus is his Lord and God—the only time the New Testament explicitly refers to Jesus Christ as “God”—more remarkable. Copyright © J. S. Paluch Co.

LA DUDA

El deseo de ser capaz de demostrar la existencia de una divinidad tiene a la humanidad con problemas desde que por primera vez se hizo consciente de lo divino. Hasta el día de hoy nos gusta decir que un sinnúmero de cosas, desde puestas de sol hasta los helados de crema de chocolate, son “pruebas de que hay Dios”. Estamos tan atrapados en la historia de “Tomás el incrédulo” que no nos damos cuenta de que el Evangelio de hoy nos ofrece el relato de Juan acerca de Pentecostés, el descenso del Espíritu Santo sobre los discípulos después de la Resurrección. Tomás, evidentemente, se perdió no solo de ver a Cristo resucitado, sino también de recibir el Espíritu Santo. Esto no se debe tomar a la ligera y, quizás, hace que la incredulidad de Tomás sea un poco más fácil de comprender. También hace que su profesión de fe en que Jesús es su Señor y su Dios —la única vez que en el Nuevo Testamento hay una referencia explícita a Jesucristo como “Dios”— sea más notable. Copyright © J. S. Paluch Co.